Adolfo Venta – Abogado

El tándem Juez – Fiscal

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     Se dice que el fiscal es una parte en el proceso. Una parte más. Pero no una parte como las demás partes, sino una parte con privilegios, lo que rompe el principio de igualdad de partes en el proceso. El fiscal no paga costas (art. 394-4 LEC), luego ya me dirán dónde está la igualdad de partes. Pero de esto de las costas a fiscales y también a jueces, por la importancia del tema, ya tendremos ocasión de hablar en otro momento.

      El fiscal está más cerca del juez que de las partes. Los signos externos ya denotan su condición privilegiada próxima al juez y alejada de las otras partes (abogados, principalmente). Y así tenemos que aunque el fiscal ocupa un lateral en estrados y no el centro de los mismos, vemos con harta frecuencia que su asiento es distinto, suele tener un respaldo más elevado. En algunos sitios goza de asiento individual, mientras que el de los letrados que están a su lado es un asiento corrido. He visto en una sala de audiencia a un presidente advertir a un letrado que se colocó en el primer puesto de la bancada de la parte recurrente, que estaba ocupando indebidamente el sitio del fiscal, pese a que el fiscal no era parte en el recurso. Verdad es que no son más que signos externos de carácter formal, pero denotan la desigualdad.

      El hábito no hace al monje, pero lo identifica. La vestimenta del fiscal es como la del juez: cordones, veneras, insignias, bordados, puñetas …, que lo distingue de la toga sin aditamentos de las otras partes proletarias.

      Aprovecho para decir que a mi esta especie de abalorios me produce sensación de ridículo ajeno. Sin el menor ánimo de ofender diré que me traen a la mente recuerdos de mi juventud como el de la rifa de la “xata” en las romerías asturianas. Bueno, pero esto es sólo una sensación personal ajena al tema y es que para mí todos estos adornos no dicen bien con la seriedad, sobriedad y austeridad de la toga y menos con la difícil y hasta a veces trágica misión de juzgar y condenar.

      La proximidad entre jueces y fiscales viene dada principalmente porque antes, hace años, no sé cómo estaban estructurados si en dos cuerpos y un sólo escalafón, pero el caso es que se pasaba de fiscal a juez y de juez a fiscal como se puede pasar de juez de lo penal a juez de lo civil. Eso de ser compañeros de profesión da una proximidad que no es buena y acentúa más la desigualdad respecto de las otras partes en el proceso, tan alejadas del juez. He visto en una ocasión decir un fiscal a un juez que él era fiscal por vocación, pues había obtenido mejor número que él en la oposición. Tal consideración se debe a que por lo general los opositores que ocupan las primeras plazas suelen ir para juez y los últimos para fiscal.

      En el momento presente parece ser que jueces y fiscales, como funcionarios que son están totalmente separados. Pero sin embargo acceden a sus cargos a través de la misma oposición, y van por número escogiendo plaza de juez o de fiscal.

     Esta promiscuidad de oposición genera un compadreo juez-fiscal, crea cierto feeling entre ellos que no es bueno para la administración de justicia porque facilita la intromisión de uno en las funciones del otro de forma que incluso queda afectada la independencia del juez. Esta proximidad entre ambos se traduce a veces en un pasteleo impropio. Y así el juez le “pide” al fiscal que éste le “pida” en determinado sentido para poder fallar así, pues si no hay petición no puede haber fallo en tal sentido, so pena de incongruencia. Pero lo más grave para la recta administración de justicia es el mutuo apoyo que se prestan en sus planteamientos, pues así nunca parece desacertada una petición del fiscal que es correspondida por el juez en tal sentido, ni tampoco una decisión judicial que previamente fue postulada por el fiscal. Es una manera de diluir la responsabilidad. El fiscal pide porque en definitiva es el juez el que resuelve y el juez resuelve porque así lo ha pedido el fiscal.

      Por ello, para deshacer esta cercanía entre jueces y fiscales generadora de la lógica amistad entre ellos, no basta con la separación de ambos cuerpos y escalafones, sino que sería necesario también que el acceso a las carreras judicial y fiscal sea a través de oposiciones distintas. Sería una manera de empezar a diferenciar ab initio ambas funciones, pues ser compañeros de estudios, o en este caso de oposición, crea amistades peligrosas y no resulta de provecho para la justicia.

      FEBRERO 2.014

Autor: Adolfo Venta Martínez

Adolfo Venta -Abogado es un despacho de Gijón, Asturias, dedicado a la mediación y al arbitraje, especialmente en funciones de partidor, además de prestar asesoramiento jurídico general y ejercer en defensa de los intereses de sus clientes en los juicios que puedan encomendársele.

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